COMO LA VIDA MISMA

Tristeza en los mayores.

¡¡Hola, amig@s!!!

Ya estamos de vuelta, y como os prometí, con la segunda entrega de nuestra compañera Elena, psicóloga y amiga. Elena nos relata uno de los muchos casos que le entran en las llamadas del Teléfono de la Esperanza; personas mayores que se sienten solas, al borde de la depresión y que llaman como grito de socorro para que les ayuden a salir del pozo donde se encuentran. Espero que os resulte interesante para reflexionar sobre cómo podemos ayudar a estas personas que sienten que ya no sirven, porque la razón de su vida, cuidar a los demás, ya no existe o no les satisface.

 Esta mañana hablé  con Carmen, mujer jubilada, ama de casa, cuidadora….

Al hablar con ella me confesó que llevaba años con depresión, el médico de cabecera le recetaba unos tranquilizantes. Se encontraba apagada, sin ganas de nada, tenía que hacer verdaderos esfuerzos por salir a la calle.

Tiene una amiga que tira de ella y por eso sale, todos los días hacen aguayim y reconoce que le alivia y le hace sentir mejor tanto física como mentalmente.

 Cuando me lo contaba su voz se entrecortaba por las lagrimas, esta mañana estaba tan decaída, que ha decidido quedarse en casa, lo esta pasando mal.

Le he animado a que busque actividades que le resulten placenteras y sobre todo que se mantenga activa, que siga haciendo deporte, que salga y no pierda sus contactos sociales.

 Creo que muchas veces abandonamos o aparcamos nuestros deseos para satisfacer a los demás, sobre todo, las mujeres de ciertas épocas, acostumbradas y educadas para atender las necesidades de la familia (marido, hijos, abuelos, nietos….).

A veces es fácil dejarnos llevar por la tristeza y la falta de ganas. Por eso es importante rodearnos de personas que nos aporten, nos motiven y sobre todo ser positivos.

 Una persona positiva convierte sus problemas en retos, nunca en obstáculos.

 El estar activos, tanto física como mentalmente es fundamental para combatir un estado depresivo, una gran diversidad de estudios lo demuestran. Ya que al hacerlo liberamos endorfinas, que son las hormonas de la felicidad, estas regulan nuestros niveles de dolor físico  y ayudan a controlar la ansiedad.

Cuando estamos con el animo bajo tendemos a aislarnos, esto es un grave error que a toda costa hay que evitar, ya que al final se convierte en una espiral, que nos atrapa.

Para finalizar quiero dejar una reflexión de un gran psicólogo, pedagogo y escritor Bernabé Tierno:

                                              “La peor vejez es la del espíritu”

 

Elena García Laín

Psicóloga.